De chica nunca me gustaron los festejos de cumpleaños. Ni el olor, ni la comida, ni los juegos. Menos la magia, aunque las caras transformadas me entretenían. Hoy quise usar un endocarpo, mientras mi pezón se descompone, su raíz es una semilla. La misma que expulsó el durazno, al decidir mi necesidad, después de devorarlo, comer diferente al resto.
Pensar en ir ahora a la cocina es imposible. Escucho un pitido, hasta que no lo pueda sacar del cajón no voy a poder seguir. Me gustaría soportar estar en el altillo.
De chica me llevaba mucho tiempo ir de abajo para arriba cuando tenía que completar los renglones del Abecedario. Siempre me muevo sin que nadie se de cuenta, ya casi no puedo caminar. No quiero poner más la mesa hipócritamente.